viernes, 16 de junio de 2017

Reseña: La invención de Morel (Adolfo Bioy Casares)

La invención de Morel es una novela que leí por primera vez en 1995 cuando estaba en el último año de la secundaria. Fue la primera novela fantástica que leí y me enamoré del género. También puede considerarse de ciencia ficción porque aparece un científico y la novela gira en torno a su invención. Borges la consideraba la novela perfecta y estoy de acuerdo con él porque es el libro que más veces releí en mi vida.

Les dejo una breve sinopsis:
Un fugitivo, acosado por la justicia, llega en un bote de remos a una isla desierta sobre la que se alzan algunas construcciones abandonadas. Pero un día aquel hombre solitario siente que ya no lo es. En la isla han aparecido otros seres humanos. Los observa, los espía, sigue sus pasos, procura sorprender sus conversaciones. Y de aquí arranca el misterio, la continua alternativa entre la alucinación y la realidad que conduce poco a poco al fugitivo hasta el estupendo esclarecimiento de todos los enigmas.

Trataré de hacer una reseña sin spoilers porque La invención de Morel es una novela de la que conviene saber muy poco o nada antes de leerla. Yo no tenía idea de qué trataba cuando la leí por primera vez y el efecto que me causó fue muy grande. Hoy en día están de moda las historias fantásticas, pero en ese momento no, la gente prefería las historias más realistas.

La novela está narrada en forma de diario por el protagonista, del cual desconocemos su nombre. Solo sabemos que es venezolano y que huyó de su país porque fue condenado a cadena perpetua. Para darle más verosimilitud a la historia hay notas al pie del editor. Esto hace que el escritor nos "engañe" y creamos que se trata de un diario auténtico.

La invención de Morel es una novela corta y se lee rápido (la edición que yo tengo tiene 155 páginas y la letra es grande). El narrador va contando lo que pasa al mismo tiempo en que ocurren los hechos por lo que el lector nunca sabe más que él. Enseguida una se mete en la historia gracias al comienzo in media res. Me encanta cómo el escritor va dosificando la información, una siempre quiere saber más. La narración ágil es una característica de Bioy Casares; hasta ahora todas las obras de este escritor a las que accedí me resultaron rápidas de leer.

Otra cosa que me gusta de las novelas o cuentos fantásticos de Bioy Casares es que transcurren en un marco completamente realista en el que de pronto aparece algo fantástico que quiebra la normalidad. Aunque suelo leer fantasía épica, este tipo de historias fantásticas mezcladas con la realidad me gustan más; creo que causan un efecto mayor en el lector.

Mi personaje preferido es el protagonista y el que más odio es Morel por ser tan egoísta y desconsiderado con sus amigos. Faustine es el amor imposible del protagonista. Me hubiera gustado saber más de ella, pero el escritor lo hace a propósito; nos da muy poca información sobre el grupo de amigos de Morel.

Recuerdo la primera vez que lo leí, cómo me sorprendí al enterarme quiénes eran las personas que habitaban la isla y en qué consistía la invención de Morel. También me sorprendió mucho la decisión que toma el protagonista al final del libro. Creo que esta novela no es solo una novela fantástica, de ciencia ficción y de aventuras, también es una gran historia de amor.

Desde que leí esta novela adoro las historias que transcurren en islas. Les puedo recomendar un cuento de Julio Cortázar que me gusta mucho: La isla a mediodía, que forma parte del libro Todos los fuegos el fuego. Por supuesto, soy fan de la serie Lost. Imagínense lo contenta que me puse cuando vi en el cuarto capítulo de la cuarta temporada a Sawyer leyendo La invención de Morel en inglés (fuente). Eso me encantó porque cuando comencé a ver Lost, me hizo recordar la novela. Enseguida noté un paralelismo entre el fugitivo y Morel y sus amigos por un lado, y por el otro, los sobrevivientes del accidente aéreo y los Otros, como llamaban ellos a la gente misteriosa que se encontraba en la isla (pueden leer un artículo sobre las relaciones entre la serie y la novela de Bioy Casares aquí).

 


Les dejo un video donde se analiza La invención de Morel. Véanlo solo si leyeron el libro porque contiene spoilers.

domingo, 4 de junio de 2017

Poema del mes: Setenta balcones y ninguna flor (Baldomero Fernández Moreno)


Hoy les traigo una sección del blog que hacía varios meses que no actualizaba. Pero hace unos días me topé con este poema en Facebook y me dieron ganas de compartirlo con ustedes.


Setenta balcones y ninguna flor es el poema más conocido de Baldomero Fernández Moreno. Algunas décadas atrás eran tan popular que se solía estudiar en las escuelas. Por ejemplo, mi papá se lo sabía de memoria y me lo recitaba a menudo ya que lo había aprendido en quinto grado (sexto grado actual). 

Hoy en día Fernández Moreno no suele ser recordado y me parece una buena oportunidad para que las nuevas generaciones lo conozcan. Les cuento algunos datos de este autor. Baldomero Eugenio Otto Fernández Moreno nació el 15 de noviembre de 1886 en la ciudad de Buenos Aires, Argentina, Cursó sus estudios secundarios en el Liceo Ibérico Platense y en el Colegio Nacional de Buenos Aires, al que le dedicaría años más tarde la Elegía al Colegio Nacional Central. En esos años escribió sus primeros poemas.  En 1904, ingresó a la Facultad de Medicina. En 1906 efectuó prácticas en la Asistencia Pública de La Plata y entre 1910 y 1914 en el Hospital Español. En esos años publicó algunos versos en El Diario Español. En 1912 se instaló para ejercer en la ciudad de Chascomús. En octubre visitó la ciudad el poeta Belisario Roldán quien lo recomendó al médico Fernando Álvarez, hermano de José Sixto Álvarez (alias Fray Mocho), el director de la revista Caras y Caretas, pero las poesías que envió no fueron publicadas. Dos años después se trasladó a Catriló.

Luego de unos meses regresó a Buenos Aires. Allí continuó escribiendo y ejerciendo como médico en el barrio de Floresta. En 1915 publicó su primer libro, Las iniciales del misal, dedicado a Rubén Darío. Un año después publicó Intermedio provinciano y Ciudad. En enero de 1919 se casó con Dalmira del Carmen López de Osornio, Negrita, oriunda de Chascomús, y el 26 de noviembre nació su primer hijo, César, que inspiraría su libro El hijo. En 1920 regresó a Buenos Aires y trabajó en el Servicio de Dermatología del Hospital Español, Pero en 1924, a los 38 años y tras 20 años en la profesión abandonó la práctica de la medicina para dedicarse a la poesía. En 1926 nació su hija Dalmira, que moriría al año. 

En noviembre de 1928 integró la primera Comisión Directiva de la Sociedad Argentina de Escritores. Continuó escribiendo y trabajando como profesor de literatura en el Colegio Nacional Mariano Moreno y de historia en la Escuela Nacional de Comercio n.° 4. En 1936 publicó el Romance a mis chapas de médico. A los diez años muere Ariel, su tercer hijo (1937) por difteria, lo que lo sume en una depresión, que se refleja en su libro Penumbra, publicado ese mismo año. En 1938 obtuvo el Premio Nacional de Poesía por sus Dos poemas, Romances y Seguidillas.

Tuvo dos hijos más, Manrique y Clara, y el 30 de mayo de 1945 nació su primera nieta, Marcela (hija de César), que inspiraría su Libro de Marcela (1946). De todas maneras, la depresión no lo había abandonado: entre 1942 y 1946 concurrió a una clínica psiquiátrica de Floresta, donde permaneció internado algún tiempo, pero su cuadro empeoró. En 1949 tuvo un accidente cerebrovascular y un segundo el 7 de julio de 1950 que le ocasionó la muerte, en su casa del barrio de Flores.